Parashat Hashavua | 03-06-2016

Parashat: Bejukotai

Por el Seminarista Gustavo Geier


¡Qué parashá difícil! Si alguien dudaba acerca de cómo funcio-naba todo, Bejukotai nos lo hace simple. Si cumplimos los preceptos y mandatos de Dios, las cosas funcionarán bien. Si, en cambio, los despreciamos... la que nos espera...
Para el segundo de los casos Dios hace una lista de maldiciones o advertencias (tojajot) que son tan severas y atemorizantes, que la traducción en la lectura de la Torá dice que las debemos leer en voz baja y rápidamente para que hasta su lectura pase en forma casi inadvertida.
Si alguien entiende esto como una suerte de sistema de premio-castigo, no parecería estar muy errado, a priori. Si te portás bien, entonces Dios te acompaña. Si te portás mal, no lo hará. Y si bien en algún lugar queremos creer que funciona así, sabemos que las más de las veces, a los malos también les va bien y a los buenos les va mal...
¿Cómo puede ser esto? ¿Es acaso que la parashá nos miente?
No podemos decir que la Torá nos mienta. Quizás estamos tomando todo en forma demasiado literal y lineal. Quizás debamos ahondar un poco en el texto. Hurgar a ver si existe algún tipo de rémez, algún indicio de que las cosas no son tan lineales y terminantes.

Una de las respuestas puede estar en el mismo texto.
En el versículo 6 del capítulo 26 de Vaikrá, Adonai nos dice que va a establecer la paz en el país y que sus habitantes van a poder acostarse a dormir sin amedrentarse, sin estremecerse. “Venatatí shalom baáretz ushjavtem veein majarid”. ¿Qué quiere decir que se acostarán sin estremecerse?
No se trata del premio o castigo impartido por un Gran Hermano que todo lo mira. Dios existe y nos juzga, y nos guía, y nos protege. Pero hace rato que el mundo y el manejo de nuestras vidas está en nuestras manos. Nosotros debemos rendir cuentas, es verdad. Pero el peor juez de una persona, cuando se juzga con verdad, es uno mismo. Uno es el que conoce sus propias miserias y fallas. Uno es el que sabe qué debió hacer mejor y no pudo o no quiso. Uno es quien sabe qué es lo que debe mejorar.
Cuando nos estremecemos y no podemos conciliar el sueño, en general, es porque sabemos que hay algo en lo cual no pusimos TODO lo que debíamos poner para que saliera bien.
Por el contrario, cuando cumplimos con nuestro deber como judíos, como seres humanos, como miembros de una sociedad, de una Comunidad, de un grupo de pertenencia, y lo hacemos a conciencia y con entrega, entonces, ushjavtem veein majarid. Nos recostamos y no nos estre-mecemos. Nuestro descanso es reparador, y nuestra vida, más tranquila.
Que este shabat podamos comprometernos sin temor a las tojajot. Por el solo hecho de encontrar ese punto en el cual contribuimos a un mundo mejor, al Tikún Olam.

Shabat Shalom.

Benei Tikva · Sinagoga Leo Baeck · secretaria@beneitikva.org.ar

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