Parashat Hashavua | 5-8-2016

Parashat: Matot-Masei

Por el Rab. Abraham Skorka

Extraído de: Rab. A. Skorka - MIiles de años por semana. Visión actual de la lectura de la Torá
(Ediciones Asamblea Rabínica latinoamericana Bs. As. 1996)
El valor de la palabra
El primer tema abordado en esta parashá es el tratamiento jurídico de los votos y promesas realizados por una persona, cómo se anulan y bajo qué condiciones deben ser cumplidos (30:2-17).La mishná del tratado de “Nedarim” (votos, promesas) se ocupa, en sus once capítulos, de las expresiones que implican un voto o promesa. El principio ético que sirve de base al tratamiento jurídico, es el cuidado que debe tener el hombre de aquello que expresa con su palabra y de la manera en que lo hace.
La base de todos los servicios religiosos es la oración llamada “Amidá” (de pie - pues se la recita de pie orientado hacia Jerusalén), también conocida como “Shemone Esré” (dieciocho - pues se hallaba compuesta originariamente por dieciocho bendiciones, a las que posteriormente se agregó una más) o simplemente “tefilá” (oración). Antes de comenzar la misma se invoca a Dios: “Señor abre mis labios y dirá mi boca tu alabanza”. (Salmo 51:17)
Al finalizar la Tefilá en la cual expresamos nuestros pedidos y agradecimientos a Dios, se recita la oración que comienza con la frase:

“Dios mío preserva mi lengua del mal y mis labios de la mentira”.
Se basa en la oración de Mar, hijo de Ravina, quien a su vez se inspiró en el salmo 34:13-15.

Hombre: ¿deseas la vida,
Anhelas muchos días para ver el bien?
Preserva tu lengua del mal.
Y tus labios de la mentira.
Apártate del mal y haz el bien
Busca la paz y persíguela

Una de las conductas que condena la Biblia son las habladurías y los chismes. El libro de los proverbios nos enseña:

Hay necios cuyas palabras son cual golpes de espada.
Mas la lengua de los sabios es cual remedio.
El idioma veraz perdurará para siempre.
Y la lengua mentirosa sólo por un instante. (12:18-19)
La muerte y la vida están en poder de la lengua. (18:21)

El don de la palabra es tan importante que cuando la Biblia quiere usar un antropomorfismo para describirnos su obra creadora, utiliza el verbo decir en diez oportunidades .
O, como lo manifestó el salmista:
“Porque Él dijo y fue” (Salmo 33:9)
La Biblia valora no sólo la palabra sino también los silencios, aquellos que poseen un mensaje que trasciende las palabras.
La civilización postmoderna parece haber perdido la capacidad de valorar las palabras y los silencios, que conforman el medio comunicativo del texto bíblico con su lector.

Raconto, planificación y cambio
Comienza esta parashá con la enumeración de cada uno de los sitios donde se detuvieron los Benei Israel en su deambular por el desierto, durante cuarenta años. Cada nombre guarda dentro de sí acontecimientos e historias. Sólo algunas son mencionadas (33:14, 38,40), la mayoría solamente están insinuadas a través de la mera mención del lugar.
La lectura de la larga lista de sitios conforma una muy escueta descripción del largo camino existencial que recorrieron los Benei Israel, entre la esclavitud en Egipto y la libertad en la tierra prometida.
Moshé comienza a hacer el raconto de su vida, como aquel que suele describir su autobiografía, al ver que su edad y lo realizado en el pasado lo requieren. Pero el maestro por excelencia, el más grande de todos los profetas, aún tuvo varias lecciones para enseñar a su gente y legar a la humanidad.
Una de sus máximas preocupaciones es el futuro de su pueblo. Por ello les recuerda su meta inmediata: la conquista de la tierra de Canaán, y la justa división de la tierra entre las distintas familias de cada tribu.
Designa al comité de división de tierras (34:16:29), y termina definiendo las normas de herencia para el caso de haber sólo descendencia femenina. Coloca los cimientos para la construcción de una sociedad justa en la que se procura que cada uno posea los medios necesarios para obtener dignamente el diario sustento.
Por otro lado, lleva a la práctica y enseña una de las reformas de hábitos más importantes que introdujo la Torá en la civilización de aquellos tiempos.
En las sociedades primitivas, prácticamente sin excepción , cuando alguien mataba a una persona, aun accidentalmente, la familia de la victima nombraba un “goel hadam” (literalmente “redentor de la sangre”) que debía matar al causante de la muerte, independientemente de su culpabilidad.
En un primer desarrollo por cambiar esta costumbre, que diezmaba seguramente a las familias, se determinó que si el causante de la muerte huía a un santuario, el “goel hadam” no podía actuar contra él en el santuario.
Es, en este nuevo estadio que la Torá enseña que aquel que obró con malicia y asesinó a su prójimo, sea sacado del santuario y castigado como corresponde. Por otro lado, enseña la Torá, que deben designarse “ciudades de refugio”, para que huya hacia ellas aquel que causo la muerte de una persona. En tales ciudades no podía actuar el “goel hadam”. El causante de la muerte, era castigado con la muerte. Caso contrario, debía seguir viviendo en la ciudad hasta la muerte del Sumo Sacerdote.
Una codificación tan avanzada para su tiempo, como fue la de Hammurabi, no hizo distinción alguna entre el que mataba por accidente y el que actuaba con alevosía, en ambos casos se debía ejecutarse al causante de la muerte (artículo 229).
En esta parashá se detalla y se dan las normas de efectivización de la “ciudades de refugio“ (35:9-34). La esencia de las mismas es enseñar a distinguir los distintos grados de culpabilidad, a buscar afanosamente la justicia, y dictar sentencia en base a la intención, la coyuntura, y a todos aquellos factores que influyen y determinan el obrar de una persona.
La Torá introduce el concepto de búsqueda de la verdad como elemento fundamental para dispensar justicia y ésta es la base de la constitución de la sociedad que pretende vivir junto a Dios.

Benei Tikva · Sinagoga Leo Baeck · secretaria@beneitikva.org.ar

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